
El Braco de Weimar es un perro de muestra cuyo origen se remonta a más de 200 años. Criado con pureza desde el siglo XVIII su selección ha sido orientada con exclusividad a la utilización como perro de caza; inicialmente caza mayor y posteriormente adaptado a la menor.
En los últimos años, el weimaraner ha tenido como mayor enemigo a sí mismo. El ser un perro bonito le hizo acaparar el interés de cinófilos ajenos a la cinegética que lo han seleccionado y criado de espaldas a su verdadera naturaleza: la caza.
Weimaraners torpes, de tallas excesivas, fláccidos, faltos de carácter, agresivos, sin instinto ni pasión por la caza, ese ha sido el resultado.
Pero ¿caza el weimaraner?
Cazar con un braco de weimar es hacerlo con un compañero infatigable, apasionado, polivalente, siempre atento al campo y a nosotros.
Su enorme poderío físico le hace alternar el galope con el trote, realizando controles al suelo que evidencian sus ancestros sabuesos.
Su toma de emanación es tensa, lenta, ralentizando su marcha al tiempo que fija el punto de origen y estilizando su andar hasta caer en muestra.
Muestra fija y segura. Cuando un weimar cae en muestra, preparate, hay caza.
El agua es un medio muy gratificante para el weimaraner. Le encanta. Conseguir su trabajo en este medio no es muy complicado. Cobros y desalojos de acuáticas son otra de sus especialidades.
Su adiestramiento no es muy complicado; inteligente y ansioso por agradarnos facilita que acepte gustoso nuestras enseñanzas, si bien, la firmeza será necesaria en cuanto el perro nos ponga a prueba.
En resumen, un pero venatoriamente completo, fiel, obediente, noble, que, seguro, llenara de momentos inolvidables nuestras jornadas de caza.